domingo, 1 de septiembre de 2013

La nueva PAC, ¿una apuesta por los valores ambientales?

Desde hace años es sobradamente conocida la consecuencia directa de la Política Agraria Comuniaria (PAC): Intensificación y abandono, sobreproducción, industrialización de la agricultura, extensión del monocultivo, falta de decisión por parte de los afectados en los medios rurales, desarraigo y uso generalizado de abonos químicos y pesticidas…lo cual ha llevado, junto a otros muchos aspectos, a lo que algunos llaman una agricultura sin campesinos, una transformación en favor de la máquina, de la intensificación de cultivos, la erosión, la desertificación, y de la pérdida de conocimientos esenciales y valiosos de nuestros antepasados. 
Pero esta “revolución” por supuesto ha tenido alguna que otra consecuencia más, como por ejemplo una pérdida de biodiversidad faunística y florística difícilmente recuperable. Es el caso de numerosas aves, de la desaparición de un 70% de las mariposas desde 1990 (recordemos el papel que juegan estos lepidópteros en la polinización de algunos cultivos o en la depredación como fauna auxiliar), y de las 6 razas ganaderas que desaparecen cada mes. Y no solo, la contaminación de acuíferos por la generalización en el uso (abuso) de abonos nitrogenados (cuando no organoclorados) y otras sustancias químicas es realmente alarmante. El mismo destino que han tenido numerosas variedades y simientes locales.
Después de más de medio siglo, y sin compartir el sistema de “ayudas” que esta supone, podemos, sin embargo, observar como poco más de un 5% de los beneficiarios reciben el 50% del capital de la PAC, entre los que se encuentran grandes terratenientes y caciques como la casa de Alba; y como el resto de pequeños ganaderos y agricultores a los que encalomaron a base de subvenciones-inversiones en los 80 con el apoyo de su producción, favoreciendo las exportaciones, restringiendo las importaciones, etc., se vieron luego afectados en un giro medioambiental y aperturista (comercio mundial y globalización) a la hora de producir. Un ejemplo claro sería el  pago único de las rentas fijas. Estas ofrecen el dinero en base a los ingresos de unos años establecidos aunque muchos de los beneficiarios ya ni siquiera produzcan (solamente “gestionan” el territorio) y el resto se encuentren atados de pies y manos por las inversiones iniciales y las restricciones que les vinieron luego. Con lo cual se muestra una estrategia política que ha logrado “apartar” a los productores favoreciendo los mercados mundiales y provocando la situación de abandono que tanto el medio rural como los montes sufren y cuyo mayor exponente son los incendios forestales al no existir ganado que consuma esa biomasa.
 
Pues bien, la nueva PAC, en un intento de adaptación a los tiempos que corren en donde todo tiene que incorporar la retórica y verborrea de la sostenibilidad, pretende mostrarse a su vez como causa y solución de estos problemas. Pero no pasa nada, porque su enfoque se ha centrado en las cuestiones ambientales,  sin abandonar los rasgos que la caracterizan y donde pretende destacar, como quieren hacer saber, una agricultura más social, la diferenciación de productos y, por supuesto, el desarrollo de la producción ecológica para mejorar la rentabilidad. Visto así parece que en un primer momento podemos estar tranquilos, pero si lo que queremos es mirar la agricultura, el medio natural y su conservación a largo plazo, deberíamos ser más escépticos y observar a estos gestores, técnicos y políticos, con los únicos ojos con los que tienen que ser vistos, pues no apostarán por otra vía que no sea la de mantener su estatus y el de los mercados.
A veces no es suficiente tropezar dos veces con la misma piedra.

Fuentes:
Raíces nº 3
Revista Ae. Agricultura y ganadería ecológica nº 9.


Thymus vulgaris

1 comentario:

Anónimo dijo...

La sostenibilidad y la etiqueta ecologica que nos venden es una mentira para contentar a ciudadanistas. La fe en el progreso es la ignoracia de nuestro tiempo