Desde hace años es sobradamente conocida la
consecuencia directa de la Política Agraria Comuniaria (PAC): Intensificación y
abandono, sobreproducción, industrialización de la agricultura, extensión del
monocultivo, falta de decisión por parte de los afectados en los medios
rurales, desarraigo y uso generalizado de abonos químicos y pesticidas…lo cual
ha llevado, junto a otros muchos aspectos, a lo que algunos llaman una
agricultura sin campesinos, una transformación en favor de la máquina, de la
intensificación de cultivos, la erosión, la desertificación, y de la pérdida de
conocimientos esenciales y valiosos de nuestros antepasados.
Pero
esta “revolución” por supuesto ha tenido alguna que otra consecuencia más, como
por ejemplo una pérdida de biodiversidad faunística y florística difícilmente recuperable.
Es el caso de numerosas aves, de la desaparición de un 70% de las mariposas
desde 1990 (recordemos el papel que juegan estos lepidópteros en la
polinización de algunos cultivos o en la depredación como fauna auxiliar), y de
las 6 razas ganaderas que desaparecen cada mes. Y no solo, la contaminación de
acuíferos por la generalización en el uso (abuso) de abonos nitrogenados
(cuando no organoclorados) y otras sustancias químicas es realmente alarmante.
El mismo destino que han tenido numerosas variedades y simientes locales.
Después
de más de medio siglo, y sin compartir el sistema de “ayudas” que esta supone,
podemos, sin embargo, observar como poco más de un 5% de los beneficiarios
reciben el 50% del capital de la PAC, entre los que se encuentran grandes
terratenientes y caciques como la casa de Alba; y como el resto de pequeños
ganaderos y agricultores a los que encalomaron a base de
subvenciones-inversiones en los 80 con el apoyo de su producción, favoreciendo las
exportaciones, restringiendo las importaciones, etc., se vieron luego afectados
en un giro medioambiental y aperturista (comercio mundial y globalización) a la
hora de producir. Un ejemplo claro sería el pago único de las rentas fijas. Estas ofrecen el
dinero en base a los ingresos de unos años establecidos aunque muchos de los
beneficiarios ya ni siquiera produzcan (solamente “gestionan” el territorio) y
el resto se encuentren atados de pies y manos por las inversiones iniciales y
las restricciones que les vinieron luego. Con lo cual se muestra una estrategia
política que ha logrado “apartar” a los productores favoreciendo los mercados
mundiales y provocando la situación de abandono que tanto el medio rural como
los montes sufren y cuyo mayor exponente son los incendios forestales al no
existir ganado que consuma esa biomasa.
Pues
bien, la nueva PAC, en un intento de adaptación a los tiempos que corren en
donde todo tiene que incorporar la retórica y verborrea de la sostenibilidad,
pretende mostrarse a su vez como causa y solución de estos problemas. Pero no
pasa nada, porque su enfoque se ha centrado en las cuestiones ambientales, sin abandonar los rasgos que la caracterizan y
donde pretende destacar, como quieren hacer saber, una agricultura más social,
la diferenciación de productos y, por supuesto, el desarrollo de la producción
ecológica para mejorar la rentabilidad. Visto así parece que en un primer
momento podemos estar tranquilos, pero si lo que queremos es mirar la
agricultura, el medio natural y su conservación a largo plazo, deberíamos ser
más escépticos y observar a estos gestores, técnicos y políticos, con los
únicos ojos con los que tienen que ser vistos, pues no apostarán por otra vía
que no sea la de mantener su estatus y el de los mercados.
A
veces no es suficiente tropezar dos veces con la misma piedra.
Fuentes:
Raíces nº 3
Revista Ae. Agricultura y ganadería ecológica nº 9.
Thymus vulgaris
1 comentario:
La sostenibilidad y la etiqueta ecologica que nos venden es una mentira para contentar a ciudadanistas. La fe en el progreso es la ignoracia de nuestro tiempo
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