“Por eso la mirada del campesino no tiene nada que ver con la del
turista. Mientras uno consume paisaje, el otro usa el territorio. Ambos alteran
el entorno, pero solamente el campesino cambia con las transformaciones del
lugar. El turista, por mucho que cambie el paisaje, seguirá siendo exactamente
él mismo. Dos miradas que ilustran el cambio producido en las últimas décadas.
El mundo del campesino ha desaparecido. Ha dejado paso al mundo del que
proceden los turistas. Hemos cambiado un mundo sin paisajes por unos paisajes
sin mundo”.
Vidas a la intemperie. Nostalgias y prejuicios sobre el mundo campesino.
Marc Badal
Nos hace gracia lo que ahora
definimos como rural. Mientras hemos asistido a un etnocidio rural, con la desaparición
de una clase social, ahora parece que aquello que ya se acabó, nunca ha dejado
de existir. Por doquier se producen eventos, conferencias y reuniones, desde
diferentes ámbitos pero siempre con respaldo institucional, que nos venden una
imagen de lo rural totalmente distorsionada con la realidad. Ahora cuando ya no
existe, es cuando hay que promocionarlo. No es la realidad lo que nos quieren
vender, si no un producto para comerciar en el mercado, ya que eso es en lo que ha
acabado lo rural, en algo con lo que se puede mercadear. Como decimos hemos
sido testigos de que cuando nos han hablado de lo rural lo único que hemos oído
son formas de cómo atraer turismo a las zonas rurales o de cómo vender
productos. El discurso en el que se escudan es que solo a través de la entrada
en el mercado se pueden mantener vivos productos y supuestas formas de vida que nada tienen ya que ver con lo rural.





