"Eres un verdadero creyente. El Estado te bendice. Las masas te bendicen. Eres obra de la divinidad creada a imagen del hombre. Por las masas, para las masas. Demos gracias por tener comercio. Compra más, compra más ahora. Compra y se feliz..."
Om.
Esta semana he
estado disfrutando del visionado de la película THX 1138. Este film es la opera
prima de George Lucas y en mi opinión, y leyendo lo que ha hecho
posteriormente, es una de las obras más interesantes del director en lo que a
ciencia ficción se refiere. Aunque soy un completo neófito tanto en la
escritura como en el pensamiento crítico, así como en la ciencia ficción en
esta reseña me voy a aventurar a reflexionar sobre ciertas cosas que conozco de
manera superficial sin miedo a quien quiera aclarar y corregirme que lo haga en
lo que estime conveniente.
Realizada en
1969 y estrenada en 1971 este película está inspirada en novelas de ciencia ficción
tales como 1984, Nosotros o La Maquina se para. Muchas de estas obras
de ciencia ficción que nos relatan el futuro guardan muchas similitudes entre sí. Es más, Orwell leyó a Jack
London (quien tiene también alguna novela sobre ciencia ficción), a H.G. Wells y a Yevgueni Zamiatin, por ello cuando
leemos o visionamos alguna de estas historias continuamente estamos viendo
multitud de similitudes que guardan unas con otras. Muchas novelas y películas de ciencia ficción han llegado
a ser suculentos negocios para sus autores logrando pingües beneficios con
ellas pero no por ello debemos menospreciar su potencial reflexivo.
Aquello contradictorio
de hoy en día que nos llama verdaderamente la atención es que cierta ciencia ficción
que pretende ser un instrumento reflexivo (o creemos nosotros que pretende
serlo) acaba cada vez más siendo un producto más del entretenimiento de las
masas. Es decir ¿trabajos como Black Mirror o películas como THX 1138, están hechos
(o creemos que están hechos, por muy mainstream
que puedan ser) para promover la reflexión de hacia dónde nos lleva el
desarrollo tecnológico o acaban siendo meros productos de entretenimiento en
los cuales no se perciben las similitudes entre la ficción y la realidad? ¿O es
que acaso debido al continuo embrutecimiento de la sociedad del espectáculo que
nos invade con una sobre información alarmante está mermando nuestra capacidad
reflexiva?
No podemos
dejar pasar este tipo de productos sin hacer una reflexión sobre ellos los que
pretendemos hacer una crítica social, ya que estos, a veces más a veces menos,
forman parte del imaginario colectivo. Es más, hemos de saber diferenciar entre
aquello hecho para el entretenimiento o el puro negocio sin bases científicas detrás,
de aquello en lo que hay cierta parte de verdad. Pero aunque haya negocio o sea
una mina de oro para su autor, en el producto también pueden haber bases científicas
en las que aquel se base para promover la reflexión. H.G Wells consiguió grandes
beneficios a través de sus novelas y no por ello debemos despreciarlas.
Como ya se explicó en un artículo en este mismo blog las basó en bases científicas
y gran parte de lo que pronosticó ya se ha cumplido al igual que pasa en muchas
características de las novelas y filmes citados más arriba. Ya circula algún artículo
por la red de lo que ya se ha cumplido de Black Mirror.
En lo que se
refiere a el film que nos ocupa está ambientando en torno a el s.XXV y los
humanos (si es que se les puede continuar denominando así) viven sometidos a un
sistema totalitario debajo tierra como ya pudimos ver en La Máquina se para. El escenario en el que
se mueven es una mezcla entre uno de nuestros modernos centros comerciales y su parking.
Drogados y sin apenas contacto físico entre humanos viven bajo una dictadura de
la economía en la que un pensamiento único le conmina a consumir y a ser
felices. El estado es sustituido por una maquina con partes humanas y sus
fuerzas represivas son robots. Todos los ciudadanos son el equipo de
mantenimiento de la máquina y viven en un perpetuo estado de alerta (aunque
vayan drogados) en que se denuncian entre sí por haber cometido crímenes mentales
como en 1984. En este panorama de deshumanización
total es donde se desarrolla la historia. Su protagonista THX 1138 empieza a
sentir remordimientos por ciertos pensamientos propios que no entiende, se está
enamorando. Con las relaciones entre las personas totalmente reprimidas por el
estado, su compañera LUH se rebela contra ello y le esconde ciertas pastillas para no reprimir sus
deseos amorosos. El resto lo dejamos para aquellos que quieran disfrutar de la película.
Creemos que no
será necesario explicar las similitudes que puede tener este film con nuestra
realidad pero no nos resistimos a no citar algunas de ellas. En ciertos
aeropuertos asiáticos en cuanto a seguridad comienzan a emplearse robots. Las
relaciones amorosas y el tener pareja o familia se empiezan a ver como un
estorbo para ascender en la escala social. La destrucción de empleo que está
creando la revolución electrónica hace que los trabajos del futuro solo
sean los de administradores de la máquina. La despersonalización que se está
creando en todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana a través de gestionarlo
todo a través de la red está favoreciendo una artificialización brutal de
nuestra vida en todos sus ámbitos. La burocracia estatal será cada vez más
sustituida por una maquina en la que ya no cabrán “fallos humanos”. Los centros
comerciales que son el escenario donde se desarrolla el film se han convertido
en los lugares donde la gente les gusta pasar su tiempo de ocio… ¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Sssssssshhhhhhhh!!!!!!!!!!!!!!!
No habléis mal de la Máquina, competid, consumid. ¡Ser felices! El Futuro esta aquí.
Cecilio Rodriguez
5 comentarios:
¡Buen artículo! Aunque igual hay varias a comentar.
Por una parte, pueden pasar dos cosas. Que Orwell escriba 1984 y se hagan tropecientas ediciones, el libro se haga popular, la “pete” y el tipo gané bastante pasta por ello y otra, como en el caso de Black Mirror o en el de THX 1138 (en éste último no estoy seguro, pero si Warner Bros está metida por el medio seguro que sí), sea un encargo que un productor (empresario) te pida y, es más, te especifique el “tono” o el enfoque que ha de tener el producto.
Hay dos grandes diferencias. Una se escribe con el alma, la otra no. Una es un grito al cielo, la otra no. Aun así está claro, que cualquiera, como autor, tiene la “obligación” de añadir su punto de vista de lo que está tratando. En general, el negocio del cine y, sobretodo, el de la tv por encima de todo, es negocio. Por suerte, como comentas en el artículo, hay películas que aun así nos encaminan al debate y/o al pensamiento crítico.
Y, como así nos ha enseñado la historia, siempre hay excepciones, tanto en la literatura como en el cine.
“La televisión es el espejo donde se refleja la derrota de todo nuestro sistema cultural” Federico Fellini.
Gran artículo, gran aportación y gran cita, la cual desconocía.
Me ha llamado bastante la atención porque fíjate que, aunque Orwell escribiera sus novelas con un propósito reflexivo, muchos jóvenes de hoy en día consumen este tipo de literatura atraídos simplemente por la ficción, todo lo contrario de los que las hemos leído llamados por su capacidad crítica. Dos públicos, dos visiones y dos ingredientes en los libros con posibles. Al menos mejor será que lean este tipo de novelas y se les pueda despertar cierta inquietud, que no que sigan leyendo la basura habitual del entretenimiento literario actual, siempre habrá algún lugar para el despertar de las conciencias.
Las contradicciones del mundo empresarial son muchas. Un ejemplo de los más bestias lo hemos podido oÍr esta semana en los mass media: "La novela de George Orwell, "1984", ha sido el libro más vendido por Amazon este año". Dicen que seguramente se debe a la incertidumbre que ha generado el ascenso de Trump al poder, ya que se ha abierto el debate sobre los regímenes totalitarios, ¡a estas alturas¡ menuda paradoja, la gente no tiene ni zorra de lo que quiere decir Orwell.
Amigos!
Esta semana pasada he estado viajando tanto por la península como por el extranjero y en las tres ciudades en las que he estado he visitado librerías y en todas ellas habían expositores bastantes visibles con las distopias de 1984, Farenheit y Un Mundo Feliz. En una de ellas ponía un cartel que ponía "Podía ser peor...". Esta claro que es por lo de Trump pero ¿sera un repunte de interés de los consumidores por las novelas criticas con el poder o una estrategia del mundo editorial?
Hay otra película interesante que se podría encuadrar en esa línea (a parte de las más conocidas como 1984, Farenheit 451 o Brazil) y es Alphaville, de Godard.
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