domingo, 4 de febrero de 2018

La mierda nos desborda

Os dejamos con un articulo que nos ha enviado el compañero Eloy Boix sobre el mundo industrial y el sistema político económico que lo ampara. Una critica cada día más necesaria debido al colapso al que nos aboca el reino de la mercancía. De paso os animamos a todas y a todos a enviarnos vuestras criticas y reflexiones para ir ampliando nuestra nueva sección "Criticas y correspondencia". ¡Leed, pensad, cuestionad... luchad!

La mierda nos desborda

A veces cuando voy paseando por el monte me pregunto cómo sería el mismo paisaje hace quinientos, mil o dos mil años. Es una idea recurrente que baila en mi cabeza. Se repite una y otra vez mientras camino entre los matorrales rodeados de basura, latas, papeles o plásticos y al fondo contemplo la autopista, un sinfín de carreteras, torres de alta tensión e incluso alguna fábrica presidiendo un pequeño cerro. Hace unos dos mil quinientos años, los primeros historiadores griegos empezaron a interpretar la historia como una sucesión de etapas. La progresión partía de un pasado idílico que con el transcurso del tiempo y las sucesivas generaciones que habitaban la tierra se iba corrompiendo. Cada nueva etapa degeneraba a la especie humana. Algunos como Hesíodo se lamentaban de vivir en un periodo en el que la tierra era habitada por hombres perversos y mediocres. Veían su mundo con una perspectiva pesimista y decadente, el tiempo pasaba y todo cambiaba, el pretérito, sin duda, era un lugar mejor. De este modo, la reflexión sobre el pasado les llevaba a la conclusión de que «la evolución de todo individuo, de toda sociedad política, de toda empresa humana, está marcada por un periodo de nacimiento, un periodo de madurez y otro de decadencia» (Polibio, Historia, VI, 51).

Pero bueno, muchos dirán que eso son memeces, agua pasada, palabrería de una sociedad caduca, radicalmente distinta a la nuestra ¡qué nos importa! Así es, nos preocupa poco, actualmente la humanidad se encuentra en la cumbre de una espiral de progreso ascendente. Estamos en la cima ¿quién se atreve a negarlo? Esa actitud de subidón la proporcionan la industria y la tecnología ligadas a una pujante ciencia. La pregunta que nos atañe en este caso es humilde ¿qué progreso trae una fábrica que explota el medio rural para los habitantes de ese entorno? Aparte de un manifiesto destrozo del paisaje que perjudica gravemente la vista, podemos citar la contaminación y explotación de los recursos medioambientales de la zona, la destrucción de especies, los suelos pobres, el empleo precario… Son ocurrencias pasajeras, atrevidas y quizás hasta insolentes. Más de uno se podría sentir ofendido y gritar lleno de rabia que las fábricas dan de comer a mucha gente, incluso a pueblos enteros. Y sí, puede que estos centros de trabajo asalariado nos permitan comprar un televisor, pagar el alquiler o llevar un coche alemán, pero, a ciencia cierta, los billetes no se comen. De comer nos da el campo, la tierra sana y un abono con buena sustancia. De beber, ríos, manantiales y aguas subterráneas. A día de hoy los más creyentes rezan para que corra un poco de agua limpia y en condiciones, aunque en algunos lugares, sencillamente claman al cielo con la esperanza de que haya algún charquito donde pescar un trago sin podrirse por dentro.

Curiosamente, mientras asfaltamos, industrializamos o abandonamos tierras fértiles porque no reportan un beneficio económico directo -es decir, no llega un tipo y nos ingresa mensualmente el premio de consolación: mil euros de nómina- tenemos la necesidad de importar alimentos del extranjero que, en muchos casos, somos capaces de producir aquí mismo. Pero bien, a veces es más barato traerlos de otros países donde se explota el terreno a gran escala y en los que a su vez se produce una degradación humana y medioambiental. Esta dinámica se presentaría del todo absurda si no fuese por las montañas de billetes que se generan, estilo «tío Gilito». Se trata del gran juego de la oferta y la demanda, la única actividad para la que no existen fronteras, ese «laissez faire et laissez passer» sobre el que Bakunin descargaba sus mejores cartuchos de tinta irónica, señalando que todas las libertades que el liberalismo negaba al ser humano las consideraba inviolables para el buen funcionamiento de sus actividades económicas. Desde luego, hay unos cuantos que llevan décadas emborrachándose a lo grande, su vida debe ser una fiesta llena de risas y derroche gracias a nuestra incapacidad para desarrollar la autosuficiencia del mercado local, tanto en la producción de artículos elaborados como en la agricultura o la energía.

Posiblemente dentro de cincuenta años esa fábrica ya no esté en marcha, las causas de su cese pueden ser variadas, las turbulencias cíclicas del mercado capitalista, la falta de recursos del medio que explota, la escasez de las materias primas que antes extraía desmedidamente o el cese del negocio por cualquier otro designio caprichoso. Dentro de cincuenta años, la mayoría de las fábricas que en la actualidad pueblan los montes serán un amasijo de hierros, un esqueleto monstruoso y abandonado donde algunos jóvenes irán a destrozar cristales los domingos por la tarde. Me pregunto por el legado que aportarán estos mastodónticos cadáveres. En primer lugar, seguirán siendo una ofensa para la vista de los que todavía vivan en el entorno, a eso hay que sumarle el impacto medioambiental de los restos y los materiales con los que en estos lugares se trabaja, que en algunos casos son difíciles de eliminar. Por otro lado, existirá una carencia de las materias primas que antes explotaban alegremente, la eminente desertificación, una degradación del suelo y el evidente perjuicio a la fauna y flora del lugar. ¿Cuál es el beneficio entonces? ¿de qué tipo de progreso estamos hablando? Para nuestros hijos estas fabricas sólo significarán pedazos de mierda esparcidos por ahí, vertederos XXL. En cuanto al beneficio es evidente que será personal, supongo que habrá ganancias en algunos bolsillos hasta que la cosa deje de ser rentable, entonces, en ese momento, fin de la película. No observo progreso de ninguna clase, no existe ningún factor positivo para nuestra comunidad, sólo perjuicios, especulación y destrucción, todo ello innecesario y absolutamente evitable. Quienes a estas alturas aún sigan pensando que emplear a decenas de personas es incentivar la economía y crear un modelo de vida sostenible para la sociedad rural están muy equivocados, «pan para hoy, hambre para mañana». La industria neoliberal sólo tiene un fin y éste no es ni conseguir la felicidad de los trabajadores ni aportar ningún bien a la comunidad en la que desarrolla sus actividades. Su razón de ser es aumentar los beneficios de los propietarios a toda costa, ese es su sino y de sobra sabemos que no importa quién o qué caiga para conseguirlo, la ley, la ética, la decencia o la moral son aborrecibles insectos aplastados bajo los croquis de sus proyectos.

Es obvio que el ser humano requiere, tanto para sus necesidades como para sus placeres, de muchos productos que hoy en día se encarga de suministrar casi en su totalidad la gran industria, por lo que algunos han asumido que es imposible renunciar a ella. Pero quién sabe, quizás podríamos utilizar la cabeza y luchar por proyectos con unas intenciones menos crueles y desproporcionadas, se trata de seguir un patrón sencillo, la sensatez y la proporción. Las doctrinas del actual sistema socioeconómico y político son el hoyo donde restará el cuerpo inerte de la humanidad, o al menos de una humanidad que merezca ser sinónimo de bondad. La demagogia barata que esparcieron aquellos que postulaban que la gran industria neoliberal traería el progreso y por ende una sociedad mejor y más justa para todos no se molestaron en leernos la letra pequeña: «estamos condenados a un futuro precario». Si el dinero es el motor de todas nuestras iniciativas seremos esclavos y la naturaleza pronto un recuerdo lejano al que acudiremos a través de una agencia de viajes. Cualquier día, más inspirados de lo habitual, saldremos a pasear de risillas con un amigo y mientras charlamos plácidamente seremos capaces de contemplar los verdaderos matices del «progreso». Entonces, lúcidos, cataremos una peste cruel y afilada tal cuchillo, nos taparemos las narices en un acto reflejo ante el vomitivo hedor (hay quien esconderá las fosas nasales bajo el jersey), alzaremos la vista y veremos cómo la mierda nos desborda.


Eloy Boix

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Al leer este art. me sobresalta la imagen del rio Palancia ya pasados algunos años. Paseando paralelo por la supuesta orilla del rio, ya que la maleza que tiene en sus orillas no deja aproximarse más de 100 metros. Poder ver entre las cañas y matojos el reflejo del agua que baja tranquilamente y rodeada de una espuma entre gris y blanca.
Adentrándote a buscar las aguas del Palancia entre maleza, al apartar la última rama que te permite ver el rio, ver cómo sobresaltados vuelan una bandada de cuervos que estaban comiendo en la orilla. Al llegar a las aguas sucias, ver como corren roedores despavoridos, que se estaban alimentando del deshecho que lleva el rio y la putrefacta pulpa de naranja y uva, de una gran empresa de zumos que vierte directamente durante 24 horas sus desperdicios.
Llegando al paraje del Salto de la Novia encontrarse en un pasaje de “cielo” y ensueño como el que prometen los curas en el pulpito o relata el libro sagrado. Una cascada verde de musgo artificial de 3 metros de ancha, una poza similar a una playa con tierra de la playa de Sagunto y varios bar-restaurante repletos de chicos y chicas guapísimos. Todo el entorno vallado por hierros electrificados y un tipo de majetón, como dice mi madre, en la puerta de la taquilla. Fuera del lugar de pago, todo es aliaga y coscoja, sin romero ni tomillo como teníamos en el año 2017, lleno de pinos, plataneros y sauces “llorones”, como yo, cuando me invadió esta imagen en mi cabeza.
Más abajo en el pueblo de Segorbe, en el rincón de los 50 CAÑOS, esta todo lleno de gente que ha ido a comer una paella y tomar unas copas. Los niños en unos columpios jugueteando y unos asientos individuales, como los de silicon valley, llenos de personas jugando a sus cibermobiles. Todos disfrutando. Todos sorprendidos al ver una persona con una azada en su hombro y con un manojo de espárragos.
Todo esto lo he visto a medida que he leído esta nota.
Gracias por aportar estos articulos y mantener en actividad en este blog

Jose v navarro dijo...

Evolucion es una termino que suena positivo, pero certificando su virulento manoseo podemos afirmar que la evolución de la propia evolucion se esta volviendo en nuestra contra hace ya unos cuantos lustros, excelente articulo

Anónimo dijo...

Has evocado con una prosa casi poética algunas de las imágenes que supongo a todos se nos vienen a la cabeza cuando pensamos en lo que se ha convertido el "medio natural". Es una realidad que se puede observar por todo el entorno de esta comarca y, sin duda, en muchas otras, cada una con sus matices. Quizás, el problema es que donde unos ven progreso y oportunidades otros vemos decadencia y cortoplacismo.

Gracias por los comentarios

E.Boix