miércoles, 5 de junio de 2013

Transgénicos, semillas de hambre.

Así se titula el artículo de Mireia Llorente publicado en el nº 2 de la revista de crítica y análisis en torno a la destrucción del territorio, Raíces, y que nos viene al dedo para hablar de un acontecimiento que pasa desapercibido y que puede ser una de las razones para empezar a pensar en lo lejos que esta nuestra comarca a la hora de realizar una verdadera subsistencia autónoma en lo que a cultivar nuestras propias variedades autóctonas se refiere, principalmente en lo que a maíz o panizo atañe. Así pues, la citada revista como el caso de Argelaga puede ser de sumo interés para las personas interesadas en la problemática del territorio, medioambiental, de la energía, y muchas otras. Igual que muchos de los artículos que desde aquí se intentan difundir para que todo esto no pase desapercibido, o las jornadas que hace ahora un par de años se montaron en el almudín para hablar de estos temas.

“La industrialización de la actividad agraria ha sido impulsada por medio de la denominada Revolución Verde, caracterizada por un paquete tecnológico igual para todo el planeta, compuesto por pesticidas y fertilizantes químicos, semillas híbridas (y frecuentemente transgénicas), regadíos masivos, una fuerte mecanización y uso de combustibles fósiles. Desde mediados del siglo XX, la Revolución Verde prometió acabar con el hambre en el mundo, combinando la tecnologización de la producción agraria, su mercantilización y la globalización de los canales de comercialización agroalimentarios.


Sin embargo el número de personas hambrientas no para de crecer y a su vez, la Revolución Verde ha generado importantes problemas ambientales: deforestación y desertificación que han contribuido al cambio climático; contaminación y agotamiento de suelo y acuíferos; pérdida de biodiversidad cultivada, etc.

Ante la actual crisis alimentaria y ecológica, los países ricos y los organismos internacionales vuelven a proponer como solución el aumento de la producción y el fomento del paquete tecnológico que incorpora las semillas transgénicas y garantiza a las mismas multinacionales un incremento del consumo de agroquímicos”



Es así, de modo que hoy le toca a los transgénicos. Si no me equivoco España y Rumania son los únicos países de la UE que permiten el cultivo de transgénicos en sus fronteras, si bien es cierto que el resto de miembros importa estos de principalmente América del sur, contaminando igualmente sus alimentos, a través de la soja y el maíz como cultivos punteros. El 90% de la soja producida a nivel mundial es transgénica, y resulta la base del alimento de todos los pollos, gallinas, terneros, etc., producidos de manera industrial en el mundo, lo que se traduce en que los estamos ingiriendo a diario a través de la carne, los huevos, la leche…pero no existe obligación de ponerlo en las etiquetas si las trazas no exceden del 0,9%, lo cual se hace tremendamente difícil de controlar a la hora de hacer la compra.

Como empresas punteras del negocio agrotecnológico tenemos a la conocida Monsanto, Dupont, Bayer, entre otras. ¿Pero qué es en realidad un transgénico? Pues bien, un transgénico es un organismo (en este caso una planta) modificado genéticamente en un laboratorio insertándole genes de otros seres vivos para darle ciertas características. Los casos más conocidos son:

-El maíz transgénico MON 810, con un gen que lo hace tolerante al herbicida RoundUp de Monsanto.

-Los cultivos Bt, con el insecticida Bacilus Turenghensis incorporado.

-Existen otros como patatas con genes de pescado o lechugas con genes de rata.

El problema por supuesto, además de confiar el futuro de la alimentación a cuatro empresas, es que no se conoce la influencia que estos agentes pueden tener sobre el medio. En casos investigados se ha podido relacionar con trastornos intestinales, de fertilidad o de cáncer en ratas. Seguro que hay más, como también demuestran las alergias relacionadas con transgénicos en India y EEUU, o la resistencia a antibióticos de los que se han dado casos en España a causa de la alimentación a base de pastillas de los cerdos, todos ellos excusados con argumentos largo-placistas; pero uno de los más importantes es la pérdida de biodiversidad.

En nuestra comarca en particular esto tiene una enorme importancia pues estamos pegados a Aragón, uno de los mayores productores de maíz transgénico, lo que está comenzando a afectar ya no solo a la consolidada alimentación de los animales con piensos compuestos, hoy tan al alcance de cualquiera a bajo precio, sino a nuestras propias semillas y variedades que cada vez cuentan con mayores problemas para llegar a conservarse puras sin cruces. Esto es a lo que me refiero con la biodiversidad.

Mi sorpresa comienza cuando tras un par de años de cultivar una variedad de maíz blanco mantenida por mis abuelos, y las generaciones anteriores hasta los días de hoy, que es sumamente popular en nuestra comarca; cada año, las semillas que intento destinar a guardar tan preciada simiente se encuentran cruzadas en mayor o menor medida con otras variedades de maíz cultivadas desde antes de los años 70, cuando comienza a introducirse el llamado maíz americano bajo la premisa de aumentar la productividad. La polinización de maíz es compleja y puede abarcar kilómetros enteros, ¿quién sabe pues por tanto si no nos llega año tras año polen de nuestra vecina Aragón rezumante de trasgenia? Así cada año van apareciendo más granos amarillos, comprometiendo su genética, hasta el día en que estas variedades sean inviables.
En relación a esto, hace un mes escaso se anunciaba una nueva ley que va a prohibir el uso de las variedades locales, arrancando a las culturas parte de lo más puro que todavía conservan. Desde aquí dejamos constancia de ello y lo queremos retomar porque pensamos que si no es por la vía de los transgénicos, con la polinización citada, van a ser las instituciones y los estados, junto con los intereses de las empresas los que van a hacer todo lo que esté en su mano, pero no se lo vamos a poner fácil. Por eso a partir de este viernes todo aquel interesado en recibir semillas de la variedad de panizo blanco tradicional de esta comarca, puede pasar por el ateneo libertario Octubre del 36 a partir de la 19:00 a recoger algunas, siempre y cuando se comprometa a devolver algunas otras y de este modo podamos de nuevo extender su cultivo.

Por último apuntar que la biodiversidad no solo compromete a las plantas, por eso, y siendo otro de los temas que nos interesa tratar, pensamos que estos cultivos con insecticidas incorporados pueden afectar a insectos tan preciados como las abejas, con un procedimiento similar al de la imidacloprida, de la que también hemos hablado, y en general a un buen número de fauna auxiliar encargada de controlar de manera natural las plagas agrícolas.

 
Como podemos observar, la única respuesta a los transgénicos se encuentra en un mundo tecnificado, una agricultura productivista e industrial en la que se tira el excedente, y un modelo capitalista que a todo ello sirve de marco. La garantía de paliar el hambre en el mundo por tanto no nos sirve, como tampoco le sirvió a la Revolución Verde. Hasta la próxima.
Thymus vulgaris.





2 comentarios:

Anónimo dijo...

Este viernes podriamos ir planteando la idea e hacer un banco de semillas en el ateneo para todo aquel que esté interesado,yo creo que si avisamos seremos gente.
Salud

Anónimo dijo...

Yo este viernes no podré ir al ateneo pero si me guardais unas semillas las plantaré el lunes en mi huerto ya que quiero plantar maiz. Hay que hacer un banco de semillas para el ateneo. Yo voy a comprar plantones ecologicos por si alguien se anima. Cañi